Cistitis: tratamientos naturales para la infección de orina0

La cistitis o infección de orina es una inflamación de la vejiga causada por una infección bacteriana o viral. Más del 90% de los casos de cistitis están causados por la bacteria Escherichia Coli. Menos frecuente es la inflamación de vejiga a causa de algunos fármacos empleados en quimioterapia o los productos químicos que encontramos en preservativos o en productos de higiene corporal.

La cistitis puede presentarse en hombres y en niños, pero es mucho más habitual en la mujer. El 37% de ellas padecen al menos un episodio de infección de orina a lo largo de su vida. Pero lo que es peor es que cerca del 80% de las mujeres infectadas acaba sufriendo cistitis de repetición.

Algunos síntomas comunes de esta patología son la necesidad constante de orinar, una sensación ardiente y dolorosa mientras se micciona, dolor en la región pélvica, orina oscura y de fuerte olor, orina con sangre, presión en la zona abdominal inferior y fiebre.

El tratamiento de la cistitis normalmente es con antibióticos (los síntomas suelen desaparecer al cabo de entre 3 y 7 días). No obstante, desde nuestro blog queremos informar de diferentes opciones naturales para paliar y curar la infección de orina.

 

Tratamientos naturales para la cistitis

  • Arándanos rojos (Vaccinium vitis idaea). Su efecto beneficioso se debe al alto contenido en proantocianidinas y ácido benzoico, que disminuyen la adherencia de la Escherichia Coli a las paredes de las vías urinarias y ejercen una acción antiséptica. Se pueden tomar 2 ó 4 vasitos al día (dependiendo de la concentración) de zumo de arándanos rojos para reducir el riesgo de contraer infecciones. También se pueden encontrar arándanos rojos en cápsulas o tinturas, que se pueden combinar con el antibiótico.
Arándanos rojos (Vaccinium vitis idaea).
Arándanos rojos (Vaccinium vitis idaea).
  • Gayuba (Arctostaphylos uva-ursi). Es seguramente la opción natural más segura para tratar la cistitis. En su composición encontramos unos glucósidos, la arbutina y la metil arbutina, principios activos con alto poder antiséptico urinario. La gayuba es más activa en medio alcalino, por lo que siempre la mezclamos con plantas de acción alcalina y actividad diurética (cola de caballo, abedul, estigmas de maíz o raíz de grama). Cuando hay infección de orina, recomendamos tomar un litro diario de esta infusión (compatible con los antibióticos). Para evitar cistitis de repetición se puede tomar un litro de la infusión una o dos veces por semana.
Gayuba (Arctostaphylos uva-ursi) , una planta medicinal para las dolencias del aparato urinario.
Gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), seguramente la mejor opción natural para tratar la cistitis.
  • Brezo (Erica arborea). Es una planta rica en arbutina, pero la gayuba es más rica en antraquinonas.
Brezo (Erica arborea).
Brezo (Erica arborea).
  • Cismax. Es el complemento natural más activo, ya que combina la acción antiséptica de la gayuba y el efecto antioxidante y antiinflamatorio de los arándanos rojos. Se puede tomar como remedio curativo o preventivo y puede ser un valioso complemento a los antibióticos.
  • Probiótico multiflora. Uno de los riesgos de los antibióticos es que pueden deteriorar la flora intestinal. Por eso es bueno tomar probióticos al menos hasta un mes después de haber acabado el tratamiento con antibióticos.
  • Nuestra tisana para la cistitis es otra opción natural. Debe tomarse como mínimo durante 10 días, aunque al segundo día hayan desaparecido los síntomas. La tisana se puede tomar durante el embarazo, pero siempre aconsejamos que se consulte al médico.

Si la carga bacteriana de la cistitis es baja quizás sólo necesitemos la tisana para la cistitis o el Cismax. Pero si la carga bacteriana es alta, necesitaremos siempre el antibiótico y potenciaremos su acción con las opciones naturales.

Beber abundante agua, una cucharadita de zumo de limón cada dos o tres horas, infusiones de jengibre, zumo de pepino fresco o aceite esencial de orégano son otras opciones naturales a tener en cuenta.

Vitamina C: un poderoso antioxidante para mantener el sistema inmune fuerte2

La vitamina C es probablemente la más famosa de las vitaminas. Cuando llega el otoño y empiezan a bajar las temperaturas, tendemos a aumentar el consumo de esta vitamina, puesto que es popularmente conocido que ayuda a fortalecer nuestro sistema inmunitario. Pero no hay que olvidar que es también un poderoso antioxidante.

Encontramos vitamina C en frutas y verduras tales como naranjas, limones, kiwis, fresas, tomates, pimientos rojos, espinacas, brócoli, coles de Bruselas… Quizás es menos conocida la acerola (Malpighia emarginata), uno de los frutos más ricos en vitamina C. Es un pequeño árbol nativo de la parte norte de Suramérica, Centroamérica y el Caribe. Los frutos de la acerola son rojos, con una pulpa agridulce. Se comen frescos y con ellos se elaboran jaleas, jugos, licores, jarabes, mermeladas… También se puede tomar acerola en comprimidos para obtener todos los beneficios de la vitamina C.

La acerola es uno de los frutos más ricos en vitamina C.
La acerola es uno de los frutos más ricos en vitamina C.

Beneficios de la vitamina C

  • Su poder como antioxidante ayuda a neutralizar los radicales libres, responsables del envejecimiento. Las vitaminas A, C y E son los grandes antioxidantes que la naturaleza pone a nuestra disposición para neutralizar la acción de los radicales libres.
  • La vitamina C previene y trata estados gripales, resfriados e infecciones por hongos.
  • Está indicada en procesos inflamatorios (reumatismo).
  • También es de ayuda en enfermedades hepáticas.
  • Es esencial para la formación y mantenimiento del colágeno y, en consecuencia, para la conservación de los huesos, dientes y vasos sanguíneos y es importante para la piel y el cabello.
  • También contribuye a la absorción del hierro y es recomendable en casos de anemia por carencia de este mineral.
  • La vitamina C contribuye a una rápida recuperación en caso de quemaduras y heridas.
  • Previene fracturas óseas.
  • Participa en muchas reacciones químicas, entre ellas la síntesis de la carnitina, necesarias para metabolizar los ácidos grasos. Como antioxidante ejerce una acción equilibradora en el sistema inmunitario. Si una actividad está elevada, la disminuye. Y si una función está baja, la estimula. Por ello, la vitamina C puede tener un efecto positivo tanto en las alergias, que son un exceso de activación del sistema inmunitario (los consumidores de frutas y verduras ricos en esta vitamina son menos proclives a ellas), como en procesos cancerosos, en los que el sistema inmunitario suele estar deprimido.
  • Ayuda a eliminar sustancias tóxicas.
  • Participa en la formación de glóbulos rojos y en la coagulación sanguínea.
  • Mejora la acción de los probióticos, que ayudan a reequilibrar la flora intestinal dañada por una dieta inadecuada, infecciones, determinada medicación, estrés o envejecimiento.

Probióticos y prebióticos: reequilibra la flora intestinal0

Los probióticos son preparados o productos que contienen microorganismos vivos, que equilibran la microflora del tracto digestivo, provocando efectos beneficiosos para la salud. El consumo de probióticos puede reequilibrar la flora intestinal deteriorada por factores como el tipo de dieta, determinada medicación, infecciones, envejecimiento o estrés.

Entre los beneficios de los probióticos, cabe destacar:

  • Desempeñan un importante papel en el proceso digestivo. Los probióticos reducen las tasas de colesterol y mejoran la intolerancia a la lactosa. También tienen efectos beneficios en el metabolismo mineral, puesto que disminuyen el contenido de ácido fítico (presente en la mayoría de legumbres, cereales integrales y semillas) que dificulta la absorción de hierro, zinc y otros minerales. Los probióticos reducen las tasas de colesterol. Además, descomponen gran parte de los hidratos de carbono de las leguminosas, evitando la fermentación en el intestino grueso y por tanto la formación de gases.
  • Regulan el tránsito intestinal.
  • Intervienen en la síntesis de la vitamina K y B12.
  • Protegen el tracto digestivo. Los probióticos constituyen una barrera natural contra las infecciones, ya que producen sustancias que inhiben el desarrollo de bacterias patógenas. Reducen las infecciones por Helicobacter pylori, causante de úlceras. Alivian las infecciones vaginales, como la candidiasis vaginal. Los probióticos también mejoran la evolución del herpes simple.
  • Estimulan la inmunidad de las células intestinales. 
  • Reducen los síntomas alérgicos.
probióticos
Los probióticos mejoran el tránsito intestinal y constituyen una barrera natural contra infecciones.

Los prebióticos, por su parte, son ingredientes no digeribles de los alimentos que afectan beneficiosamente al organismo al estimular determinadas bacterias del colon. El consumo de fibra soluble (prebióticos) es importante porque es fermentada por la flora intestinal, formándose sustancias beneficiosas para la salud del colon, como el butirato, que protege las células del colon de tumoraciones y favorece la regeneración de las células sanas.

Los probióticos y los prebióticos están especialmente indicados para:

  • Equilibrar la flora intestinal.
  • Reducir la frecuencia y la duración de la diarrea asociada al uso de antibióticos, infección por rotavirus o quimioterapia.
  • Aliviar el síndrome de colon irritable.
  • Estados de estrés que debilitan el sistema inmunitario.
  • Estados de malnutrición.
  • Problemas digestivos: flatulencia, acidez de estómago, úlceras, alteraciones intestinales (estreñimiento, diarrea) y aerofagia.
  • Infecciones microbianas: aftas bucales, cistitis, vaginitis y candidiasis.
  • Alergias.
  • Intolerancias alimentarias.
  • Intoxicaciones.
  • Halitosis.
  • Convalecencias: después de enfermedades infecciosas y tratamientos con antibióticos.
  • Fatiga muscular o nerviosa.
  • Apatía.
  • Hemorroides.
  • Enfermedades cutáneas, acné, piel áspera o seca.

Intolerancia a la lactosa1

La intolerancia a la lactosa es un fenómeno que se hace más habitual a medida que avanza la edad de la persona. La lactosa es un hidrato de carbono que se encuentra en la leche. Está formada por una glucosa y una galactosa. Para poder digerir la lactosa, necesitamos un enzima llamado lactasa que se halla en el intestino. La lactasa rompe la lactosa en sus dos componentes para absorberlos y después utilizarlos. Cuando no disponemos de suficiente cantidad de lactasa o ésta no realiza su función transformadora, la digestión se ve dificultada y aparecen los síntomas de la intolerancia a la lactosa:

  • Dolor, espasmo e hinchazón abdominal.
  • Diarrea o estreñimiento.
  • Flatulencias.
  • Vómitos (algunas veces).

Los trastornos causados por la intolerancia a la lactosa son debidos a que la lactosa no digerida en el intestino delgado, pasa al intestino grueso. Allí es fermentada por las bacterias de la flora intestinal, produciendo gases.  Es importante detectar y tratar la intolerancia a la lactosa puesto que seguir tomando lactosa empeorará la lesión en la mucosa intestinal y agravará el problema.

También hay que decir que, con la edad, disminuye la presencia o la actividad de la lactasa en el intestino. De hecho este enzima es más activo en las primeras etapas de la vida, cuando la lactosa es un componente primordial en la dieta humana.

Intolerancia a la lactosa
El dolor abdominal es un síntoma frecuente de la intolerancia a la lactosa.

Factores que determinan la intolerancia a la lactosa

El primer factor es genético, puesto que hay personas que no producen el enzima lactasa. Existen, sin embargo, otros factores que pueden alterar la función de este enzima (es cuando hablamos de intolerancia secundaria):

  • Problemas intestinales producidos por virus, bacterias o parásitos (principalmente Giardia lamblia).
  • Intolerancia al gluten.
  • Enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad de Crohn).
  • Intolerancia a las proteínas de la leche de vaca o de las de soja.
  • Tratamientos de quimioterapia.
  • La toma de ciertos antibióticos.
  • El consumo excesivo de alcohol.
  • En general, situaciones que provoquen la destrucción del equilibrio de la flora intestinal.

Pautas dietéticas

Como existen diferentes grados de intolerancia, cuando la deficiencia de lactasa es parcial, se pueden tomar pequeñas cantidades de leche sin que se produzcan trastornos.

  • En el caso de intolerancia total, hay que evitar completamente la leche. Los bebés deberán tomar una leche adaptada que, en lugar de lactosa, contiene un hidrato de carbono llamado dextrinomaltosa.
  • Si la intolerancia a la lactosa es parcial, habrá que observar la cantidad de leche tolerada de forma individual y repartir la ingesta de leche en varias tomas. También se pueden consumir preparados enzimáticos que contengan lactasa.

Alimentos aconsejados

  • Para bebés, papillas infantiles no lacteadas.
  • Alimentos con calcio (sésamo, almendras, berro, col rizada, perejil, higos secos…) y vitamina D para garantizar la reconstrucción de la masa ósea.
  • Leches vegetales (leches de soja, avellana, almendra, arroz…).
  • Tofu.
  • Postres no lácteos con soja.
  • Tortas de arroz.
  • Legumbres.
  • Verduras.

Alimentos permitidos (según el grado de intolerancia a la lactosa)

  • Yogur, ya que contiene bacterias que ayudan a digerir la lactosa.
  • Quesos curados.
  • Otras leches fermendadas (kéfir).

Alimentos a evitar

  • Leche de vaca.
  • Batidos de leche.
  • Queso fresco.
  • Cremas de leche.
  • Postres lácteos (arroz  con leche, natillas, flanes…).
  • Salsas elaboradas con leche como la bechamel.

Plantas medicinales

No hay una planta específica para el tratamiento de la intolerancia a la lactosa, pero se puede favorecer la recuperación de los trastornos digestivos e intestinales con plantas medicinales de acción digestiva (manzanilla, anís verde, regaliz y hierba luisa) y con regeneradoras de la flora intestinal (semillas de lino, zaragatona y aloe vera).

Para restablecer el equilibrio de la flora intestinal, también se recomiendan los probióticos y prebióticos.