Amla: ¡Rejuvenece tu piel y tu cabello!2

El amla (Phyllanthus emblica L.) es un arbusto originario de la India y el Nepal, del cual se aprovechan sus frutos. La medicina ayurveda ha valorado tradicionalmente esta planta medicinal por sus efectos rejuvenecedores, para promover la longevidad y el bienestar general. Al amla también se le conoce por los nombres de amalaki y grosellero de la India (en español).

Los beneficios del fruto del amla vienen dados por su alto contenido en vitamina C. Esta fruta también es rica en emblicanin, uno de los antioxidantes más efectivos y potentes. Además contiene bioflavonoides y fenoles (ácidos gálico y egálico) que, en su conjunto, mitigan la proliferación de radicales libres y, en consecuencia, la oxidación de las células y el envejecimiento.

Amla (Phyllanthus emblica L.)
Amla (Phyllanthus emblica L.)

Según la medicina ayurveda, la ingesta del fruto del amla mejora la absorción de nutrientes, equilibra los ácidos del estómago, reduce los niveles de colesterol, revitaliza y rejuvenece la piel y actúa como un potente antiinflamatorio natural. También es aconsejable en la higiene bucodental: fortalece dientes y encías débiles, y es especialmente efectivo en las encías sangrantes o inflamadas.

Amla en cosmética para el cabello

De la desecación del fruto del amla se obtiene un polvo fino con el que se prepara una mascarilla capilar cada vez más utilizada en las peluquerías que apuestan por tratamientos naturales. Esta mascarilla fortalece la raíz del cabello y estimula su crecimiento. Por su alto contenido en vitamina C, repara el cabello agrietado o seco. Así pues, el amla nutre el cabello, lo reconstruye y lo rejuvenece. También potencia ligeramente el color del cabello, retrasando la aparición de canas.

La mascarilla capilar se prepara mezclando el polvo de amla con aceite hasta conseguir una pasta fina. Ésta se aplica sobre el cabello, dejándola actuar durante una hora. Por último, se lava con agua tibia. Este tratamiento se puede repetir una vez por semana para conseguir un cabello más joven, fuerte, sedoso, natural y brillante.

Amla para el cuidado de la piel

Para el cuidado de la piel, se puede preparar una mascarilla facial similar, pero que quede algo más densa. Se aplica con suavidad, dando un masaje circular con la yema de los dedos. Se deja actuar 15 minutos y luego se lava con abundante agua tibia. Esta mascarilla ayuda a eliminar toxinas. Por su acción fortalecedora del colágeno, es ideal para evitar la aparición de arrugas y manchas propias de la edad. Dado el alto contenido en taninos, flavonoides y vitamina C, la mascarilla facial de amla regenera, revitaliza y rejuvenece la piel.

Arándanos negros: protégete de los radicales libres y cuida tu sistema sanguíneo0

Los arándanos negros (Vaccinium myrtillus) son unas bayas que crecen de un pequeño arbusto en los bosques de Europa central y del norte así como en determinadas zonas de Asia y América. Los arándanos negros tienen otros nombres en castellano: mirtilo, arandilla, anavia y ráspano. No deben confundirse con los arándanos rojos, que poseen una potente acción antiséptica y antibiótica por lo que sus jugos son muy recomendables en caso de infecciones de orina. Los arándanos negros, en cambio, destacan por sus propiedades antioxidantes y por sus beneficios en el sistema sanguíneo, entre otros.

Características nutricionales y medicinales de los arándanos negros

Los arándanos negros contienen sales minerales (de calcio, magnesio y potasio), taninos, ácidos orgánicos (málico y cítrico), inositol, pectina y flavonoides, entre otros compuestos. Pero los arándanos negros destacan sobre todo por su contenido en antocianosidos, los pigmentos que le dan la coloración azulada. Los antocianosidos son sustancias hidrosolubles que el organismo asimila fácilmente para su disponibilidad.

Entre los beneficios de los antocianosidos hay que destacar:

  • Tienen una acción antioxidante superior a la vitamina E y un efecto sinérgico a esta vitamina. Trabajando conjuntamente, ambas refuerzan su acción. Nos protegen de los radicales libres, responsables del envejecimiento celular y nocivos para el organismo.
  • Favorecen la síntesis del colágeno y los mucopolisacáridos, componentes principales del tejido conectivo. Eso aporta beneficios para la piel, las paredes de los vasos sanguíneos, las articulaciones, el aparato respiratorio y los intestinos.
  • Mejoran la microcirculación y favorecen la regeneración de los pigmentos de la retina de forma específica. Esto implica una mejora de la visión nocturna.
  • Impiden las reacciones alérgicas al inhibir la liberación de histamina.
  • Regulan la concentración de glucosa en sangre.
  • Inhiben sustancias inflamatorias.
  • Aumentan la resistencia de los capilares e impiden una excesiva permeabilidad, por lo tanto, evitan la filtración de tóxicos a través de la barrera sanguínea cerebral.
Arándanos negros
Los arándanos negros tienen una acción antioxidante superior a la vitamina E.

Formas de tomar arándanos negros

  • Zumo del fruto: puede tomarse directamente o diluirlo en otro líquido (zumo de naranja, leche…)
  • Maceración del fruto seco: se mezcla una cucharadita de arándanos negros secos en un vaso de agua.
  • Yogur con arándanos negros: en el yogur se puede mezclar una cucharadita de arándanos secos.
  • Desayuno nutritivo: en un vaso de leche de soja (o almendras o arroz), se puede mezclar una cucharada sopera de levadura de cerveza, una cuchara sopera de avena triturada y una cucharada sopera de frutos de arándanos negros secos.
  • También se pueden tomar extractos concentrados de arándanos negros para aportar una mayor concentración de antocianidinas.

Antioxidantes para vencer los radicales libres3

Este artículo está dedicado a los antioxidantes, aquellas sustancias que normalmente obtenemos a través de la dieta y que actúan como mecanismo de defensa para prevenir o retardar la oxidación de las moléculas del organismo. Pero vayamos por pasos. Antes de hablar de los sistemas antioxidantes, explicaremos el proceso de liberación de los radicales libres y qué es el daño oxidativo.

Los humanos necesitamos el oxígeno para poder generar la energía que nos permite realizar las funciones vitales. El proceso de obtención de oxígeno también implica la liberación de radicales libres. Los radicales libres son unas moléculas con exceso de electrones, hecho que las hace inestables y altamente reactivas. Para estabilizarse roban electrones de otras moléculas, las cuales quedan alteradas y a su vez continúan el proceso dañino en una reacción en cadena. Hay circunstancias que pueden hacer aumentar la producción de radicales libres, como la contaminación ambiental, el tabaquismo, las dietas ricas en grasa o la exposición excesiva a las radiaciones solares.

En condiciones normales de salud existe un equilibrio entre la generación de radicales libres y su neutralización por los sistemas de defensa antioxidantes. Cuando el equilibrio se altera, el exceso de radicales libres produce el daño oxidativo, es decir, hay una alteración en el funcionamiento y en la estructura de las células hasta el punto de poderse generar enfermedades degenerativas (cáncer, artrosis, patologías respiratorias, enfermedades cardiovasculares y afecciones oculares).

El daño oxidativo (también llamado estrés oxidativo) puede producir alteraciones en la mayoría de las moléculas del organismo:

  • En los lípidos, especialmente en los ácidos grasos poliinsaturados y el colesterol.
  • En las proteínas: los aminoácidos más sensibles son el triptófano, la tirosina, la fenilalanina, la histidina, la metionina y la cistina.
  • En los ácidos nucleicos (ADN y ARN), cuya alteración produce errores en la división celular capaces de generar fenómenos cancerígenos.
Los antioxidantes previenen y retardan la oxidación de las moléculas del organismo.
Los antioxidantes previenen y retardan la oxidación de las moléculas del organismo.

Acción de los antioxidantes

Los antioxidantes son mecanismos de protección frente a los radicales libres. Entre los beneficios de los antioxidantes, podemos destacar las siguientes acciones:

  • Frenan los procesos degenerativos óseos y articulares, del páncreas (prevención de la diabetes tipo II), de la retina y de las células (Alzheimer y Parkinson).
  • Retardan el envejecimiento celular, por ejemplo, en la piel. Retrasan la aparición de arrugas y manchas cutáneas.
  • Regulan el sistema inmunitario y combaten procesos alérgicos.
  • Mejoran la circulación cerebral.
  • Protegen las arterias frente a la formación de placas.
  • Combaten la fatiga y el estrés.
  • Tienen un efecto anticancerígeno.

El organismo cuenta con mecanismos de defensa frente a la potencial oxidación causada por los radicales libres: sistemas formados por enzimas antioxidantes y sistemas antioxidantes no enzimáticos. Ambos neutralizan o enlentecen la cadena de daños oxidativos. Estos sistemas antioxidantes actúan de manera coordinada y conjunta, de tal manera que donde no llegan los unos son más eficientes los otros.

Sistemas formados por enzimas antioxidantes

  • El superóxido dismutasa (SOD) es específico para neutralizar el anión superóxido (O2) a peróxido de hidrógeno (H2O2). Para su función requieren la presencia de cobre, zinc y manganeso.
  • La catalasa convierte el peróxido de hidrógeno (H2O2) en oxígeno y agua. También neutraliza radicales libres fruto del metabolismo lipídico.
  • Las enzimas de la familia glutatión peroxidasa, que neutraliza peróxido de hidrógeno (H2O2) y peróxidos lipídicos. Presenta gran actividad en el hígado y más moderada en el pulmón, el cerebro y el corazón. Requiere selenio.

Por lo tanto, los minerales como el selenio, el zinc, el manganeso y el cobre así como el aminoácido L-cisteína no actúan directamente como antioxidantes pero son imprescindibles para el correcto funcionamiento de las enzimas antioxidantes.

Sistemas antioxidantes no enzimáticos

Reaccionan con los radicales libres evitando el daño en las moléculas más importantes del organismo.

  • Vitamina C: por ser hidrosoluble, actúa como antioxidante en medio acuoso. Fuentes de vitamina C: escaramujo, cítricos (pomelo, naranja, lima, limón), kiwi, fresas, papaya, tomate y perejil.
  • Vitamina E: agrupa un conjunto de compuestos fenólicos como el α-tocoferol. Protegen de la oxidación lipídica de la membrana celular y de las lipoproteínas que transportan colesterol y triglicéridos. Fuentes de vitamina E: aceite de germen de trigo, de soja, de algodón y de maíz.
  • Coenzima Q10 o ubiquinona: protege contra la oxidación de los compuestos que forman parte de la membrana celular, sobre todo en el corazón y el hígado.
  • Vitamina A: protege las moléculas lipídicas. Fuente: aceite de hígado de bacalao.
  • Ácido α-lipoico: componente de azufre que recicla las vitaminas E y C y protege los ß-carotenos. Fuente: patata.
    • Bioflavonoides: los más abundantes en el plasma humano son el ß-caroteno, la luteína, la zeaxantina, el licopeno y la criptoxantina. Los tres primeros son precursores de la vitamina A.
      • ß-caroteno: tiene mayor capacidad antioxidante que la vitamina A. Fuentes: zanahoria, calabaza, albaricoques, espinacas y acelgas.
      • Luteína: previene la formación de cataratas. Fuentes: maíz, vegetales de hoja verde como espinacas y brócoli, frutas como naranjas, melocotones o mango, y pimientos rojos y amarillos.
      • Licopeno: actúa protegiendo los lípidos de la oxidación. Favorece la circulación sanguínea. Fuente: tomate.
      • Quercetina: potente protector celular que evita la oxidación de las LDL o colesterol malo. Inhibe la fotooxidación de la vitamina E. Actúa como antiinflamatorio y antialérgico. Fuentes: ginkgo, tila, , manzana, zanahoria y cebolla.
      • Pignogenol: gran protector de los rayos solares. Fuentes: corteza de pino marítimo (Pinus pinnaster).
      • Antocianosidos: regeneran la capa purpúrea de la retina y de la rodopsina, mejorando la visión nocturna. Protegen los vasos sanguíneos. Fuente: arándanos.
      • Isoflavonas: además de tener virtudes estrógenas, son antioxidantes. Fuentes: soja.

Otras plantas medicinales y alimentos ricos en antioxidantes

Ginkgo biloba, cardo mariano, té verde, ajo, uva negra y vino tinto, alga spirulina, olivo, cúrcuma y semilla de pomelo.