Flores de otoño0

Brezo (Calluna vulgaris)

Este subarbusto de hojas pequeñas y lineales originario de toda Europa, norte de África y América, crece en terrenos silíceos generalmente ácidos.

Sus flores de color rosa-malva forman racimos terminales, con flores reducidas y en forma de cascabel. Florece en otoño y se recolecta en plena floración.

Las flores de brezo son ricas en arbutina, también encontramos en su composición abundantes ácidos fenólicos, flavonoides y antocianidinas.

Dioscóridoes y el Dr. Laguna ya hablaban en sus libros de propiedades medicinales de esta flor, es una planta de uso común en la herboristería de nuestro entorno.

Las flores de brezo sin astringentes, antidiarreicas y muy especialmente antisépticas del sistema urinario. Por su riqueza en arbutina se recomienda en casos de afecciones de las vías urinarias, gota, edemas y sobrepeso acompañado de retención de líquidos. La flora de brezo es extremadamente mielífera, produce miel de color herrumbroso que cristaliza fácilmente. La miel de brezo es diurética, energizante, muy rica en hierro y produce un efecto tónico sobre el corazón. Muy útil en anemias, clorosis, inapetencia y desmineralizaciones. No es aconsejable la infusión de brezo en embarazadas y e niños menores de 12 años.

Romero (Rosmarinus officinalis)

Este pequeño arbusto originario de la cuenca mediterránea es una de las joyas de nuestra flora medicinal.

Sus flores son pequeñas, se agrupan en racimos terminales, poseen una corola bilabiada, de color azul pálido o ligeramente blanco y moteado interior de color violeta. Toda la planta desprende una intensa fragancia. Aunque podemos encontrar romero florido todo el año dependiendo de la altura, sus épocas de floración son en otoño y a finales de invierno. Sus hojas y flores son ricas en aceite esencial, glucósidos, principios amargos y derivados triterpénicos como el ácido ursólico. El romero es un tónico general de la circulación sanguínea y del sistema nervioso. Es colerético y colagogo debido a la presencia de ácido rosmarínico. Su aceite esencial presenta propiedades antisépticas y cicatrizantes y es muy utilizado externamente como tónico muscular y en procesos inflamatorios. Durante el siglo XVII fue famoso el alcoholato de romero que se denominaba “agua de la reina de Hungría”. En los años 60 el Dr. Ferrandiz popularizó el “alcohol, vitaminado”, un alcoholato de romero y árnica que sigue hoy en plena vigencia y muy recomendables en casos de artrosis, lumbalgias, contracturas, para recuperar el tono muscular después del esfuerzo y prepararlo antes del mismo.

Pasear por un romeral de las provincias de Huesca o Lérida es una experiencia reconfortante y respirar el aroma que desprenden estas flores es la mejor terapia para recuperar el tono físico y emocional.

No utilizar el aceite esencial de romero por vía interna sin el consejo de un experto aromaterapeuta.